Inspiración bíblica

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    Los primeros cristianos heredaron del judaísmo una concepción de las Escrituras que daba por sentado que componían una fuente permitida. En un principio no se sugirió ninguna doctrina formal sobre la inspiración de las Escrituras, como es el caso del islam, que sustenta que el Corán fue dictado desde los cielos. Pero, por lo general los cristianos creían que la Biblia contenía la palabra de Dios tal y como fue transmitida por su Espíritu: primero a través de los patriarcas y profetas y después por boca de los apóstoles (véase Apocalipsis). Lo cierto es que, los autores de los obras escritas del Nuevo Testamento aludieron a la autoridad de las Escrituras hebreas en amparo de sus alegaciones con en relación a Jesucristo.
    La doctrina de la inspiración de la Biblia por el Espíritu Santo y de la infalibilidad de su contenido apareció en realidad durante el siglo XIX como respuesta al desarrollo de la crítica bíblica, estudios científicos que parecían poner en entredicho el origen divino de la Biblia. Esta doctrina sustenta que Dios es autor de la Biblia; de ahí que la Biblia es Su palabra. Los científicos bíblicos y los teólogos han propuesto copiosas teorías para esclarecer esta doctrina, que van desde un dictado verbal directo de las Escrituras por Dios, hasta una iluminación que ayudó al autor inspirado a comprender la verdad que expresaba, tanto si ésta era expuesta como aprendida por la experiencia.