El origen de Led Zeppelin es muy diferente al de Deep Purple, pues nace en 1968 a raíz de la dispersión de los constituyentes de Yardbirds, entre los que destacaban las guitarras de Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page. Este último, ansioso por formar su propia banda, llamará en su ayuda al bajo John Paul Jones, y trabará gran amistad con el cantante Robert Plant, quien a su vez citará al obsesivo batería John Bonham. Con las bendiciones de Keith Moon, el belicoso batería de The Who, y el respaldo de Atlantic Records graban su primer álbum Led Zeppelin en enero de 1969 y hacia finales del mismo año aparece Led Zeppelin II. En 1970 llegará la tercera parte de la que ya es conocido como serie Zeppelin, y la cuarta al cabo de unos meses.
En menos de un año los constituyentes del conjunto, tras una sublimada actividad, se han transformado en la banda más único, acrisolada e restauradora de la década, al remontar las supuestas influencias provenientes del movimiento mod y sus inequívocas raíces blues rock, en beneficio de un sonido inconfundible, duro, intenso, cargado de fragores, donde se concilian la potente guitarra de Page y la embrujadora voz de Plant. Pero, como es habitual en el universo del rock, el éxito mundial —y de un modo específico el culto que despierta el bellísimo asunto “Stairway to Heaven”— desencadena la avalancha de gacetillas y reportajes que presenta a los Zeppelin como satanistas enloquecidos, hippies de última hora traidores a los ideales del mundo libre, enterados en cambio con el combate del pueblo vietnamita y las drogas duras y, por si fuera poco, conforme las mismas fantasiosas fuentes, mezclados en espantosos y sombríos capítulos de sangre, cultos orgiásticas, sacrificios y ritos de magia negra.
Al trascender el fallecimiento del hijo de Plant, las accidentadas giras y la evanescencia de varios amigos próximos a los músicos, amantes por demás de prácticas orientalistas y esotéricas, así como los rumores sobre la ambigüedad diabólica e inmoral de las letras, los medios de comunicación remiten al conjunto al territorio del más espantoso de los ostracismos, que los Zeppelin pretenderán cancelar entre 1973 y 1975 mediante la publicación de Houses of the Holy y la producción de la discográfica independiente Swan Song. Ha nacido el mito, sin embargo al parecer ensombrecido por su agitada trayectoria, que supone al heavy metal habitualmente.
En 1980 el fallecimiento de Bonham, después de una etapa en que sus representaciones marcan hitos y se se producen trabajos de calidad excepcional —el doble Physical Graffiti (1975), Presence (1976) y In Through the Out Door (1979), que alcanzaría ventas acaudaladas— llevan a los constituyentes de Led Zeppelin a la división.
Desde ese momento, las suposiciones que se aproximan hacia la asamblea de los maduros supervivientes son perseverantes, y se avivan en 1982 con la publicación del álbum Coda; sin embargo excepto esporádicos encuentros discográficos (Page y Plant) y tentativas aisladas (Page con Jeff Beck, con The Firm, con Honeydrippers, además de copiosos asuntos formados para cantantes como Roy Harper, Plant y David Coverdale), el proyecto no consiguió cuajar.
