Entre las abejas melíferas hay un sistema de comunicación muy perfeccionado. En sus estudios sobre las abejas, comenzados a comienzos de la década de 1900, el zoólogo austriaco Karl von Frisch demostró muchos trazos de ese sistema. En un trabajo ya clásico divulgado en 1923, von Frisch describía cómo, tras conocer una abeja exploradora una nueva fuente de alimentos, como un campo florido, ésta llena su saco de néctar, regresa a la colmena y ejecuta una danza vigorosa y muy codificada. Si la nueva fuente de alimentos se encuentra a menos de 90 m de distancia de la colmena, la abeja ejecuta un baile circular, desplazándose primero unos 2 cm o más, y describiendo después círculos en dirección opuesta. Un buen número de las abejas de la colonia siguen de cerca la danza, imitando sus movimientos. A lo largo de esta culto, las otras obreras perciben la fragancia de las flores en las que la danzarina recogió el néctar. Una vez sabido que hay alimento a poca distancia de la colmena, y qué aroma tiene, las otras abejas van al exterior y vuelan en círculos cada vez mayores hasta dar con su fuente.
Si la nueva fuente de néctar o polen se encuentra a una distancia mayor, su descubridora ejecuta una danza más elaborada, caracterizada por movimientos intermitentes a lo largo del diámetro del círculo y por un movimiento fluctuante, vigoroso y perseverante, del abdomen. Al parecer, hasta el último movimiento de esta danza tiene un significado. El número de veces que la abeja describe un círculo en un tiempo dado informa a las otras abejas de la distancia a la cual hay que volar hasta llegar a donde está la comida. Los movimientos siguiendo el diámetro indican la dirección en la que se encuentra. Si el tramo recto (diámetro) está hacia arriba, hay que volar de forma directa hacia el sol. Si está hacia abajo, significa que las abejas darán con los alimentos si vuelan de espaldas al sol. Si forma un ángulo con la vertical, las abejas tendrán que continuar un curso a la derecha o la izquierda del sol con el mismo ángulo. La observación de las abejas en una colmena de cristal revela la existencia de estas instrucciones tan visiblemente, que los observadores entendidos pueden representarlas.
