Los ejércitos de Alejandro Magno, tras apresar las ciudades-estado de Grecia, llevaron su cultura por todo Oriente Próximo. Las polis griegas sufrieron un destacado declive político y económico que afectó tanto a las esferas religiosas como a las sociales; esto dio lugar a una nueva forma de comprender el arte. Los griegos fueron abiertos a la influencia de ciertos elementos orientales, como la magnificencia decorativa y las religiones exóticas. En las ciudades más opulentas de Asia Menor, así como en Alejandría (Egipto), se desarrolló un nuevo helenismo, amalgama del espíritu griego y de los estilos orientales.
1. La arquitectura
El estilo dórico continuó utilizándose en los templos pequeños y en los cuerpos inferiores de los edificios de dos plantas. En Asia Menor se cimentaron grandes templos jónicos, como el períptero de Apolo en Dídimo (c. 300 a.C.), con sus dos columnatas jónicas de 10 columnas en el frente y 21 por cada lado. Las columnas corintias se emplearon en mayor medida que en fases previos, como se observa en el templo de Zeus en Atenas u Olimpeión, comenzado el 174 a.C. por requerido del monarca sirio Antíoco Epífanes.
En este lioso estilo helenístico florecieron nuevas tipologías arquitectónicas, como gimnasios y edificios para el Senado, profusamente ornamentados y desarrollados en orden corintio. Igualmente se alzaron altares monumentales en Siracusa, Pérgamo, Priene y Magnesia. Los soberanos helenísticos cimentaron pórticos, bibliotecas, teatros y arcos de triunfo. Los monumentos sepulcrales imitaron el estilo suntuoso del mausoleo de Halicarnaso. Las casas individuales modificaron su vestíbulo rectangular por un patio central rodeado por un peristilo.
2. La escultura
Con la conquista de Oriente por Alejandro Magno, los artistas cuestionaron el canon clásico del arte griego y comenzaron a tomar la elección como modelos para sus obras no únicamente otras tipologías étnicas, como persas o indias, sino igualmente estados físicos diferentes, como ancianos, enfermos o individuos con deformidades. La disolución del imperio de Alejandro propició el alzamiento de varias dinastías contrincantees, y los reinos independientes que se desencadenaron desarrollaron sus propias escuelas artísticas. Por ejemplo, la dinastía Tolemaica de Egipto perpetuó las tradiciones de la fase clásica y de sus sucesores del siglo IV a.C. En Pérgamo (actual Bergama, Turquía), en Asia Menor, Atalo I Sóter y sus sucesores siguieron la escuela de Escopas, por lo que, en las escenas de combate, solían representar el cuerpo humano retorcido en agitadas contorsiones. Un ejemplo eminente es el friso de más de 100 m del altar de Zeus en Pérgamo (Museos Estatales de Berlín), que muestra el combate entre dioses y gigantes. Esta obra fue levantada en Pérgamo por requerido del monarca Eumenes II, hijo de Atalo I, que ganó numerosas batallas contra los gálatas y el monarca Seléucida Antíoco III Megas.
Paralelamente, la escultura evolucionó hacia formas abiertas desarrolladas en un estilo muy emocionante, que forzaba a la persona a mirar más allá del espacio de las figuras. El Sátiro dormido (Palacio Barberini, Roma), la Victoria de Samotracia y la Afrodita de Melos, más conocida como la Venus de Milo (ambas en el Museo del Louvre de París), son algunos ejemplos destacados. Adicionalmente, la escultura de la fase helenística experimentó con nuevos recursos compositivos. Una de las disposiciones favoritas, llamada posición en aspa, representa la figura humana con el torso retorcido, esto es, la cabeza y los miembros dispuestos en direcciones contrarias. Este recurso se empleó en los conjuntos escultóricos, como Menelao portando el cuerpo de Patroclo (Loggia dei Lanzi, Florencia), donde los artistas invitan al televidente a moverse en torno a la estructura. Otras esculturas semejantes son el Heracles Farnesio (Museo Nacional de Nápoles) y el Hermafrodita dormido, con su sexualidad ambigua (Museo de las Termas, Roma).
Los artistas romanos, atraídos por el estilo de la escultura griega, copiaron numerosas obras adaptándolas a sus propios criterios estéticos. Por ejemplo, a la versión del Laocoonte que se conserva en los Museos Vaticanos (Roma) le añadieron algunas figuras subsidiarias con el propósito de incrementar la complejidad compositiva del agrupación. A lo largo de la fase romana, la mayoría de los escultores griegos siguieron la tradición helenística en Grecia, Asia Menor, África e Italia.