Procedimientos de transcripción del chino

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    Desde 1892, el mundo anglohablante ha transcrito al alfabeto romano las palabras en chino siguiendo el sistema fonético aplicado a la escritura, que se ha denominado romanización Wade-Giles, (excepto los topónimos y los nombres propios de las personas) y que propusieron los orientalistas británicos Sir Thomas Wade y Herbert Giles. Los nombres propios de persona se escribieron en caracteres romanos siguiendo el anhelo personal de cada cual, sin embargo para los topónimos se siguieron los criterios del Correo oficial Chino. Este criterio de transcripción aunque no sirva para el español se ha empleado durante muchos años, lo que traía como consecuencia confusiones y fallos en la pronunciación de nombres propios y topónimos. A partir de 1958 tuvo lugar en la República Popular otro sistema de romanización de la escritura que tiene 58 símbolos y es conocido por escritura o grafía pinyin (‘escritura ortográfica’); se emplea en las escuelas primarias y en los telegramas. Se ha defendido la sustitución de los caracteres convencionales por los pinyin, sin embargo no es del todo deseable, por la amenaza que supone su integración generalizada a la literatura o los archivos históricos escritos en la lengua clásica. La simplificación del sistema fonético, que ha tenido lugar a lo largo del tiempo, ha traído consigo el surgimiento de copiosos homónimos, lo que supone que el estilo clásico, que poseía una gran concisión, resulte incomprensible al transcribirlo. A partir del primero de enero de 1979 la Agencia Internacional de Noticias China (Xinhua), emplea en todos sus despachos el pinyin. Ello ha constituido la aceptación internacional de los gobiernos, el mundo científico, la redacción y las editoriales.