Hitler, un viejo cabo del Ejército, odiaba a los aristócratas, los capitalistas, los comunistas y los liberales, así como a los judíos y a todos aquellos que no pertenecieran a la raza aria. Ya había procurado deponer al gobierno en el putsch de Munich en 1923. Posteriormente a casi un año en la prisión, continuó sus actividades en el seno del partido nazi. Consumado orador, vertiginosamente consiguió incondicionales acusando al gobierno de la República de Weimar de débil y traidor. Propuso el despido de judíos, a quienes describía como infames, para repartir sus puestos de trabajos entre dignos alemanes, y aseguró reembolsar la fuerza y el honor de Alemania. A cambio, demandaba la completa lealtad y obediencia del pueblo a su persona como su Führer (conductor). Para reforzar su mensaje, las SA (Sturm Abteilung) atacaron a comunistas, judíos e integrantes de otros partidos.
En medio de la depresión financiera, las elecciones de 1932, hicieron de los nacionalsocialistas el partido con mayor representación en el Reichstag. En 1933, con el amparo de elementos de extrema derecha, Hitler fue denominado canciller. Para asegurarse el poder supremo, Hitler convocó nuevas elecciones. Al culpar del incendio del edificio del Reichstag a los comunistas, ilegalizó al KPD. En el nuevo Parlamento los nacionalsocialistas, los nacionalistas y el Partido del Centro Católico admitieron la Ley de Poderes Especiales permitiendo a Hitler manejar todos los trazos de la vida germánica, lo que hizo durante cuatro años.
Armado con este poder, Hitler creó el III Reich, como designó al nuevo Estado germánico. Hitler actuó con gran eficacia. Miembros del partido nazi monopolizaron los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, el Ejército fue controlado y Hitler perpetuó su supremacía al transformarse en jefe del Estado tras el fallecimiento de Paul von Benckendorff Hindenburg; se redactó un nuevo sistema judicial y se coronó comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Se ilegitimaron todos los partidos políticos excepto el nacionalsocialista. Las huelgas se prohibieron y las personas desempleadas eran inscritas en campos de trabajo o se alistaban al Ejército; en el terreno económico, el III Reich buscó ser monetariamente autosuficiente. Se constituyó un ejército profesional y se fijó el reclutamiento imprescindible para todos los habitantes alemanes con el propósito de llevar a cabo el plan de expansión territorial de Hitler. Se fijó un preparado sistema de propaganda en el que se organizaban monumentales mítines para galvanizar al público germánico y se controló el sistema educativo. A través de la organización juvenil del partido, las juventudes hitlerianas, igualmente el adoctrinamiento llegó a los niños. El sistema propagandístico contó con el amparo de la Gestapo, un cuerpo policial secreto desarrollado para reprimir la disconformidad y recluir a los judíos, que operaban sin limitaciones ciudadanos; y las Schutzstaffel (SS), inicialmente una guardia personal de Hitler, que se incrementó hasta transformarse en un organismo dotado de una compleja burocracia con poderes militares y policiales. Algunos alemanes desdeñaron las palabras y representaciones de Hitler, inclusive se opusieron abiertamente al monopolio del poder por los nacionalsocialistas, sin embargo otros muchos admitieron sus puntos de vista sobre la superioridad de la raza aria y el menester de ampliar el territorio germánico. En un principio fueron los judíos quienes sufrieron leyes discriminatorias, fueron privados de la ciudadanía, y excluidos de actividades ciudadanos y profesionales. Se expropiaron y vendieron las compañías judías por debajo de su valor, que pasaron a ser de los no judíos. La noche del 9 de noviembre de 1938, los nacionalsocialistas asesinaron a más de 90 judíos, despedazaron miles de tiendas e incendiaron sinagogas durante la denominada Noche de los Cristales rotos. Cientos de miles de judíos huyeron del país.
A principios de 1933, el primer campo de concentración nazi se erigió para encarcelar a copiosos conjuntos de oponentes políticos y otros considerados como elementos antisociales por el régimen nazi: judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, disidentes religiosos, testimonios de Jehová y prostitutas. Los prisioneros debían realizar trabajos forzosos: en el momento en que no podían trabajar más eran asesinados en cámaras de gas, fusilados o a través de inyecciones letales. Los enfermos servían para realizar “experimentos médicos”. Los campos incrementaron en tamaño y número durante el conflicto bélico e intensificaron sucesivamente su actividad exterminadora, en especial al final del conflicto, en el momento en que Hitler sentenció adaptar a la cuestión judía la denominada “solución final”.
Cuando Alemania ocupó Polonia en septiembre de 1939, los judíos polacos fueron asesinados o recluidos en guetos, donde murieron gran número de ellos debido al hambre o de afección. Las conquistas de Francia, Bélgica, Países Bajos, Noruega, Dinamarca, Yugoslavia y Grecia hicieron que cientos de miles de judíos estuvieran bajo el dominio nazi. Al invadir la Unión Soviética en junio de 1941, el Ejército germánico era seguido por brigadas, las cuales asesinaron a casi un millón de judíos en el territorio ruso. Se cimentaron centros de exterminación para asesinar a poblaciones enteras: millones de judíos y miles de gitanos y prisioneros soviéticos fueron producidos. A pesar de que hubo colaboradores en los territorios ocupados que ayudaban a los nazis, la resistencia a su política fue significativo. Antes de la ocupación germánica, Bulgaria, Hungría, Finlandia e Italia negaron deportar judíos; existía una actividad guerrillera general en los territorios ocupados, y se produjeron levantamientos armados de judíos en Tarnów, Radom, Bedzin, Białystok y otros enclaves, así como en el ámbito de Sobibor. En 1943, durante tres semanas, los 65.000 judíos que seguían en el gueto de Varsovia combatieron contra la policía germánica que pretendía llevar a cabo una emboscada completa. Hacia el final del conflicto bélico, los judíos muertos ascendían a unos seis millones en lo que se conoció como el Holocausto.
