El irlandés es aficionado a los deportes; casi todos los fines de semana se organizan actividades deportivas individuales o familiares. Entre los deportes más conocidos se hallan los dos pasatiempos nacionales: el fútbol gaélico y el hurling, ambos con un carácter estrictamente amateur. La versión femenina del hurling se llama camogie. El hurling, un juego que precisa rapidez y destreza, se juega en un campo como el de futbol con bastones de madera y una pequeña pelota de piel. El fútbol gaélico se juega con una pelota redonda; sus normas son semejantes a las del fútbol, sin embargo los jugadores pueden tocar la pelota con la mano, aunque no juntarla del suelo. La pelota es devuelta con el puño, no lanzada, e igualmente puede ser pateada. El tanto se alcanza en una red como la del fútbol, sin embargo, como en el hurling, igualmente pueden conquistarse puntos realizando que la pelota pase por encima de la portería. El fútbol gaélico es el precursor del fútbol australiano; los dos deportes son tan semejantes que los conjuntos irlandés y australiano a veces juegan entre sí con unas normas concertadas. Las semifinales y la final de Irlanda, patrocinadas por la Gaelic Athletic Association (GAA), son la terminación de las temporadas de hurling y de fútbol gaélico.
El fútbol, el rugby, la vela, el ciclismo, el golf y las carreras de caballos y de galgos son otras de las actividades favoritas de los irlandeses. El fútbol se transformó, en la década de 1990, en el deporte más popular entre los espectadores, evidenciando el entusiasmo que rodeó los triunfos del conjunto nacional durante la primera mitad de esos años. La pesca igualmente es una actividad recreativa popular, especialmente la pesca del salmón y la trucha. Los partidos internacionales de rugby, jugados en el circuito Lansdowne Road de Dublín, conforman grandes capítulos en el almanaque deportivo. Los incondicionales de las carreras de caballos llegan a Galway en verano y a comienzos del otoño.
