Afluente, tributario de un río y uno de sus elementos primarios; la captura de un afluente es parte de del fenómeno global del modelado del relieve. Por efecto de la designada acción remontante, conforme la cual el curso de agua más fuerte, dotado de mayor fuerza, erosiona pausadamente los terrenos ribereños hasta que alcanzan su perfil de equilibrio, los ríos primordiales capturan cursos de agua erráticos, que se transforman entonces en afluentes.
En terrenos homogéneos, los afluentes tienden a ponerse en forma de abanico regular, con el vértice inferior constituyendo el punto hacia el que confluyen las aguas reunidas; el nivel de base de los afluentes es, de facto, el del curso fluvial mayor al que desaguan. A su vez, los afluentes pueden capturar otros cursos fluviales más pequeños que se transforman en subafluentes, frecuentemente igualmente significativos. Por ejemplo, la famosa cascada de los Mármoles (localizada en el centro de Italia) se genera en un salto de agua del Velino, afluente del Nera, a su vez afluente del Tíber.
El fenómeno de la captura puede determinar de igual forma significativos modificaciones en las cuencas hidrográficas vecinas. Por otra parte, puede deberse a veces a la mediación humana, a través de la construcción de obras hidráulicas. Pero, puede ocurrir lo contrario, esto es, que para disminuir el apuro de desbordamientos e inundaciones, el lecho de un afluente sea desviado y se convierta en un río independiente. Es el caso, entre otros, del Adigio (en el norte de Italia), que en tiempos desaguaba en el Po.
