Abd Allah (848-912), emir de al-Andalus (888-912). A lo largo de su etapa de gobierno se agudizaron las tensiones existentes en al-Andalus entre la nobleza árabe y los muladíes, específicamente en las ciudades de Sevilla y Granada. Pero el conflicto más grave que tuvo que hacer frente fue la rebelión iniciada años atrás por Umar ibn Hafsun, que desde Bobastro había extendido su dominio en buena parte de Andalucía. La autoridad de Abd Allah sobre las marcas fronterizas era prácticamente que no existe.
El emir controlaba la capital y sus alrededores, sin embargo el resto de al-Andalus se encontraba fragmentado en células autónomas. La debilidad del Estado cordobés facilitó el avance cristiano, que en esos años llegó al río Duero. Abd Allah fue relevado en el emirato por su nieto Abd al-Rahman III.
