Los soberanos Shang no pudieron manejar el ascendente poder de una tribu vecina, los Zhou (c. 1122-221 a.C.), establecida en su límite occidental. Hacia el año 1027 a.C. los Zhou apresaron Anyang y se arraigaron en la ciudad. Al principio se conservó buena parte de la cultura Shang; de facto, los bronces y jades de la etapa Xi’an, denominado igualmente periodo Zhou occidental (hasta el 770 a.C.), son muy semejantes a los de la dinastía anterior. Con la sucesiva desvanecimiento del culto a los antepasados, las vasijas antes destinadas a los templos, pasaron a ser preciados trofeos que el monarca otorgaba a sus vasallos más destacados para premiar sus conquistas o conferirles tierras. Estas vasijas de bronce solían llevar largas inscripciones expresando la gesta que conmemoraban y conforman hoy preciados archivos sobre esa etapa de la historia china.
Ante los ataques de otras tribus, en el año 771 a.C., la dinastía Zhou se vio forzada a dejar su capital, Xi’an, para ponerse en Luoyang, otra ciudad de la provincia de Henan, lo que marcó el comienzo de la etapa Zhou oriental en cuyo arte se evidencia la separación geográfica con el pasado Shang. Los bronces adquirieron un carácter más profano y se empleaban como regalo de enlace matrimonial para ornamentar el hogar de los recién comprometidos. Las representaciones de animales y monstruos totémicos dejaron paso a ornamentos abstractos, llenos de colorido, con incrustaciones de oro o piedras semipreciosas. A lo largo de este periodo se realizaron muy conocidos las campanas y los espejos de bronce.
El arte de la etapa Zhou oriental ulterior muestra la diversidad y la calidad técnica propia de toda la historia del arte de China. En las sepulturas de la dinastía Zhou oriental se han descubierto pinturas sobre seda que conforman las muestras más antiguas de esta técnica, así como esculturas en madera, obras de laca y cerámica vidriada que hablan de nuevos desarrollos técnicos y estilos artísticos.
