La reunificación de China bajo la dinastía Sui (581-617) y la dinastía Tang (618-907) conllevó varios siglos de sincretismo religioso y filosófico que aglutinaba el taoísmo, el budismo y el confucianismo renacido. A pesar de que el budismo fue preponderante en sus primeros tiempos, entre estas tres escuelas el confucianismo ofreció una filosofía política y social adecuada a las necesidades de un imperio centralista. En consecuencia, fue restablecido como el fundamento idóneo para la educación de los futuros empleados públicos y esta instruida clase continuó siendo cada vez más confuciana. Este suceso, tanto como el pavor del gobierno hacia el poder ascendente de la Iglesia, desencadenó la persecución de los budistas y taoístas y su declive final. El taoísmo, sin embargo, pervivió como una filosofía que practicaban los chinos ilustrados en sus vidas privadas y en su relación con la naturaleza.
El confucianismo no se reinstauró hasta tras la dinastía Song, tras que China hubiera experimentado otro periodo de desunión política desde 907 hasta 960 conocido como el de las Cinco Dinastías. El neoconfucianismo apareció del restaurado estudio de los clásicos, necesario para poder optar a un puesto y conquistar un puesto en la administración civil imperial e intentó reforzar la ética confuciana con un sustrato metafísico. Al hacer esto asumió algunas de las ideas del budismo y del taoísmo, aunque en esencia eran muy diferentes, opuestas. El neoconfucianismo instruía que existía un principio para todas las cosas en el Universo, buscó conocer esa noción generadora y sostuvo que el conocimiento del principio uniría al individuo con el Universo y le guiaría en las relaciones personales, sociales y políticas. El budismo, por el contrario, había mostrado que todas las cosas en el Universo se encontraban, en última instancia, vacías, intentó comunicar a sus incondicionales que la iluminación daría lugar a en el individuo el desaprobación de los asuntos mundanos. El taoísmo no sopesaba que el Universo se encontraba vacío, sin embargo intentó distanciar al individuo de la sociedad humana e inclusive transcender la vida y el fallecimiento.
