Sin dan, din, don, no hay kirieleison.
A traves del juego onomatopeyico y en cotejo con la practica usual de las honras funebres, da a entender que en la vida comun nada se consigue sin el concurso del dinero y del ascendiente social.
Sin dan, din, don, no hay kirieleison.
A traves del juego onomatopeyico y en cotejo con la practica usual de las honras funebres, da a entender que en la vida comun nada se consigue sin el concurso del dinero y del ascendiente social.