Adolf Hitler y la II Guerra Mundial

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    Hitler era consciente de que cualquier otra acción podría producir un conflicto europeo, y no vaciló en organizar a Alemania para un combate que, a su proceso, fortalecería la moral del país. Firmó el pacto de neutralidad Germano-soviético con la promesa de que cedería a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) una parte del territorio de Polonia en el momento en que este país fuera derrotado, para lo cual la atacó en septiembre de 1939. Los polacos eran sometidos con rapidez y sus seguidores, los británicos y los franceses, que habían manifestado el conflicto bélico a Alemania, no pudieron hacer nada para auxiliarles. Las fuerzas de Hitler invadieron Dinamarca y Noruega en la primavera de 1940 y, pocas semanas después, vencieron a las tropas de los Países Bajos, Bélgica y Francia. La derrota de Gran Bretaña pudo soslayarse gracias a la mediación de las Fuerzas Aéreas Reales (RAF), que negaron a la Luftwaffe (fuerzas aéreas germánicas).
    Hitler, dejándose llevar por su avaricia y su odio al comunismo, volvió su atención hacia la Unión Soviética. Su primer paso fue apresar la península Balcánica para resguardar este flanco. La invasión de la URSS, que inició en junio de 1941, no tardó en llevar a los ejércitos alemanes a las puertas de Moscú sin embargo los rusos les forzaron a retroceder en diciembre, precisamente en el momento en que Estados Unidos sentenció intervenir en el conflicto. Fue en ese momento en el momento en que Hitler se dio cuenta de que el conflicto bélico se encontraba perdida desde el enfoque militar, sin embargo sentenció continuar con la optimismo de que alguna nueva arma invencible o alguna estratagema política milagrosa pudiera salvar la situación.
    Conforme transcurría el tiempo, la derrota se hacía más ineludible, sin embargo Hitler continuaba negándose a capitular ante la convicción de que Alemania no merecía pervivir por no haber ganado cumplir su misión. Por otra parte, el plan dirigido a exterminar a los judíos seguía su marcha a lo largo de todo este periodo, y los incontables trenes que transportaban a los millones de prisioneros a los campos de concentración representaban una lacra para el esfuerzo económico del conflicto bélico. En julio de 1944, un conjunto de oficiales preparó una trama para asesinar a Hitler y poner fin a la contienda, sin embargo el plan fracasó. Finalmente, dejando tras de sí a una Alemania invadida y derrotada, Hitler se suicidó en su búnker de Berlín el 30 de abril de 1945, junto con la que había sido a lo largo de largo tiempo su compañera, Eva Braun, con la que había contraído casamiento el día anterior.